viernes, 19 de octubre de 2012

Un año viviendo con productos Open Source



El software libre y el código abierto han revolucionado el mundo de la tecnología. Un ejemplo: Red Hat estima que Google habría tenido que pagar 10.000 millones dólares al año en licencias y pagos de patentes, si no fuera por las alternativas abiertas que permitieron a la compañía crecer en sus primeros años. Ciudades como Munich han logrado ahorrar millones de euros o dolares cambiando su sistema operativo de Microsoft por otros como Debian y Open Office. La lista sigue. Firefox, Linux, Apache son todas opciones abiertas que ya forman parte del mainstream.

Los beneficios de lo abierto están más que probados en el mundo tecnológico. ¿Qué pasaría si aplicásemos esta filosofía al resto de cosas que necesitamos en nuestras vidas? Sam Muirhead se preguntó esto cuando en agosto de este año se marcó un reto: pasar un año consumiendo y viviendo casi exclusivamente de productos abiertos y libres. Es decir, objetos y servicios que no están protegidos por un copyright tradicional y que preferiblemente operan con una licencia Creative Commons.

Cuando hablamos de libre, Muirhead se refiere a cosas que tienen un beneficio para el bien común, con una licencia que permite modificar y mejorarlos sin pagar un peaje, que funcionan con transparencia y que consideran a otras personas y compañías que operan en su mismo campo como colaboradores en vez de competidores.


Year of Open Source from Sam Muirhead on Vimeo.

¿Un ejemplo? La cerveza que él bebía frecuentemente antes de empezar el proyecto proviene del Selva Negro de Alemania. La receta es secreta y sus creadores no la comparten. No cumple con los fundamentos open porque el ‘código fuente’ del producto está escondido. Tras unas semanas de investigación Muirhead encontró algunas alternativas. En Nueva Zelanda, unos cerveceros llamados los Yeasty Boys comercializan una cerveza que llaman el ‘digital IPA’.

“La receta está disponible en abierto y la comparten bajo licencia creative commons. Permite a cualquiera comercializarla, pero a cambio piden que cites su procedencia”, cuenta Muirhead.
En Berlín también encontró una bebida fermentada que opera bajo principios abiertos. Mier es una cerveza mezclada con mate. Su etiqueta contiene un código QR que revela la receta completa utilizada para elaborarla.

Su etiquetado también contiene un distintivo que informa de que el proceso de elaboración está compartido bajo licencia Creative Commons, pero esta vez no comercial. Esto significa que cualquiera puede usar la receta y mejorarla pero sin ánimo de lucro.

Aún incluso cuando un producto se comparte bajo licencia creative commons, no siempre es tan fácil evadir el copyright tradicional. Muirhead se encuentra que algunos de los ingredientes que necesita para hacer la cerveza neozelandesa en casa requieren una licencia, en el caso de querer vender ese producto.

Pero esto no es todo. Durante la entrevista con Muirhead levanta la mano y enseña su nueva adquisición. Se trata de Openmoko, su nuevo smartphone que le acaba de llegar por correo. “De lo que he podido saber, es el único smartphone ahora mismo que es completamente abierto. Viene con algunos inconvenientes. La instalación es complicada y para activar la cámara tengo que taladrar un agujero en la parte de atrás del dispositivo”.

Openmoko, a diferencia de otros operadores, es completamente abierto tanto en software como hardware. Todas las plataformas son compatibles, incluso Windows y Mac. Para dar otro ejemplo más claro, lo que ocurrió hace unas semanas, cuando Apple actualizó el sistema operativo y sus usuarios se encontraron que ya no tenían Google Maps, no pasaría jamás en un móvil como Openmoko. Aquí descargas lo que te da la gana. En ningún momento esa decisión pasa por un filtro censor como puede ser con el appstore de Apple.

Para las recetas de comida, el copyright no es un factor a tener en cuenta para Muirhead. Cocinar, desde el principio de los tiempos, ha tenido una filosofía abierta en el sentido de que gran parte de las recetas se comparten y se pasan de una generación a otra. La gente los coge y los modifica a su gusto, y todos contentos.

Donde es más complicado seguir fundamentos abiertos es en los ingredientes mismos de productos comestibles. Empresas como DuPont y Monsanto tienen patentes sobre semillas que se autodestruyen cada año para que los campesinos estén obligados a comprar semillas nuevas. En algunos casos llegan a denunciar a granjeros que se niegan a pagar la licencia.

Muirhead se propone evitar consumir cualquier tipo de producto que provenga de semillas cerradas y patentadas. “En Alemania es bastante fácil evitar este tipo de productos porque existe una legislación importante que te informa de la procedencia de cada cosa que consumes”, explica el realizador. “Intento evitar fruta y verdura producidas bajo derechos protegidos, que no es complicado. El pan, por ejemplo, tiene una historia de más de 10.000 años y no hay patentes sobre su producción y elaboración porque no está permitido”.

Otra área que interesa explorar a Muirhead es la construcción de casas y las tierras. Muirhead se da la vuelta y enseña una pequeña casa de madera que ha hecho basándose en unos planos abiertos que ha conseguido. “Cada vez hay más propuestas como esta, pero lo verdaderamente interesante es el fenómeno de los solares y las tierras con licencias abiertas. Existen espacios comunes propiedad del Estado, pero no son realmente libres. Solo hay un ejemplo que conozco que lo explora. Es un colectivo de arte danés llamado N55 que está instando a gente a donar trozos de tierra para que cualquiera llegue y haga lo que quiera con esos espacios,bajo la condición de no hacer un uso privativo del mismo.

Todas estas experiencia se van recopilando en una web creada para reflejar la iniciativa. Muirhead también escribe una columna bimensual en shareable, en la que comparte reflexiones sobre la evolución del proyecto.


¿Open qué?

A pesar de la seriedad con la que está documentando el proceso, Muirhead se encuentra con que muchos medios de comunicación siguen malinterpretando el significado de la filosofía abierta. Se nota que el neozelandés ha recibido muchas peticiones de entrevistas. La primera cosa que manda a los medios de comunicación cuando haces contactas con él es un documento extenso en el que intenta dar un curso resumido de la filosofía libre.

Tras pasar el filtro y haber asegurado que se trataría el tema con la sensibilidad que se merece, Muirhead explica el porqué de esta reticencia. “Hay una tendencia de los medios a etiquetar. A intentar pensar que esto es algo hippy, socialista o comunista. Pero lo que es interesante es que no es ni una cosa, ni otra. No es ni anti, ni promercado. Transciende todas esas etiquetas. Es una forma de organización y una forma de mejora del sistema actual”. Muirhead tiene una obsesión casi académica por no meter la política en el experimento.

“Son los cimientos de una nueva revolución industrial. Lo mismo que pasó en la primera, cuando la gente se dió cuenta de que, si compartían procesos, el colectivo saldría beneficiado. Así ocurrió y así está ocurriendo ahora”.
“Pero queda mucho por hacer. En la escena hacker y maker, lo abierto se discute como una gloriosa e inevitable revolución global, pero fuera de esa esfera sigue siendo un concepto desconocido. Ahí está el reto”.


Fuente: yorokobu

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